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¿Cómo se reparte una herencia con y sin testamento?

Todo lo relacionado con la herencia puede ser un tema espinoso. Por un lado, suele tener que gestionarse en un momento emocional límite. Por otro , se pueden dar situaciones económicas desagradables, disensiones en cuanto al reparto y problemas que solo pueden ser resueltos de forma jurídicas. Para saber cómo se reparte una herencia es fundamental conocer si existe o no un testamento realizado previamente por parte de la persona de la que se accede a sus bienes.

No está de más saber que el concepto de herencia está claramente recogido en el Código Civil, concretamente en su artículo 659. En él se indica que en el reparto de herencias se comprenden todos los bienes, derechos y obligaciones que no se extinguen tras el fallecimiento de la persona de la que se hereda.

Conviene tener en cuenta a la hora de aceptar o no una herencia, por lo tanto, que también se heredan las deudas. Es decir, es interesante hacer un cálculo de los activos y pasivos que deja el difunto. En cualquier caso, demos por hecho que los herederos entienden provechoso aceptarla. Es el momento de ponerse manos a la obra y preguntarse cómo repartir la herencia. Como es lógico, la fórmula es distinta si contamos con testamento o sin testamento.

Como se reparte una herencia con testamento

El testamento es una declaración hecha de forma voluntaria por el interesado en la que señala lo que desea que se haga con sus bienes tras su fallecimiento. En él se indica quiénes son su herederos o heredero. Es un elemento troncal para definir cómo se reparte una herencia.

Cuando planteamos cómo se reparte una herencia con testamento, hemos de tener en cuenta una serie de normas indicadas por el Código Civil, que señalan que las herencias se dividen en tres partes diferenciadas. El testamento tiene como utilidad que sirve para ayudar a distribuirlas. Veamos cuáles son estas tres partes esenciales para observar cómo repartir una herencia.

Tercio de la herencia legítima

Una tercera parte de la herencia se debe repartir entre los que se consideran herederos legítimos, es decir, los que la legislación señala como familiares más cercanos. Estos son el cónyuge de la persona fallecida y sus hijos o los hijos de estos en el caso de muerte de alguno de los descendientes directos.

Si bien la distribución de este tercio debe ser en partes iguales entre todos los herederos legítimos, está claro que existen bienes que no se pueden subdividir y tienen diferente valor como pueden ser joyas u obras de arte. El testamento sirve para simplicar este aspecto en el reparto de herencias.

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De este modo, para impedir disputas, el interesado puede definir en el testamento para qué personas va cada uno de los bienes físicos que forman parte de la herencia.

Tercio de mejora de la herencia

Esta parte faculta a que en el testamento se señale que uno o varios de los herederos reciban una mayor parte de los bienes y que estará recogido en este tercio.

De este modo se mejora el tercio de la herencia legítima y el cónyuge o uno de los hijos pueden acceder a una mayor parte de la herencia por decisión del testamentario.

Tercio de libre disposición

Como su propio nombre indica, una tercera parte del testamento puede estar destinado a aquellas personas que decida el individuo, tenga o no algún grado de consanguineidad respecto al fallecido.

Es decir, la persona que hace el testamento puede otorgar este tercio a quien considere oportuno, aunque no sea familiar ni forme parte de lo que el derecho considera heredero legítimo. Una cosa importante en esta circunstancia relacionado con cómo se reparte una herencia con testamento es que, en este caso, los impuestos que deberá pagar si no es familiar serán más altos que los que pagan los herederos que sí lo son.

¿Cómo se reparte una herencia sin testamento?

No siempre la persona fallecida ha dejado un testamento en el que indica la voluntad de reparto de sus bienes. En estos casos, la inexistencia de unas voluntades escritas sobre cómo se reparte una herencia por parte del difunto puede generar conflictos de intereses entre los herederos. Con el objetivo de evitar situaciones difíciles de resolver, la ley determina la forma de repartir la herencia cuando no hay una declaración legal con las instrucciones pertinentes del propio fallecido.

Antes de nada, deberemos comprobar que realmente no existe testamento. Para ello, quince días después de la defunción se puede solicitar en alguna Gerencia Territorial de Justicia el denominado Certificado de Actos de Ultima Voluntad. En este documento oficial se indica si la persona fallecida había hecho o no testamento, el momento en que lo había suscrito en caso de que lo hubiera hecho y en que notaría está alojado.

Si en el certificado se confirma que no hay testamento, el reparto de herencias se hará teniendo en cuenta el orden legal de los herederos legítimos. La distribución se hará siguiendo la misma fórmula que como se reparte una herencia con testamento, pero eliminando el tercio de libre disposición, ya que no corresponderá ningún bien a nadie fuera del entorno familiar.

Pero, como señalábamos, el orden de prioridad sin testamento tiene en cuenta la cercanía en consanguineidad de los herederos. Esto supone que los primeros en heredar serán los hijos del fallecido. Si no hubiera, los padres. En tercer lugar, se sitúa el cónyuge, si bien este tendrá derecho de usufructo de la herencia. En cuarto lugar, se ubican los hermanos. Si no tuviera tampoco hermanos, los sobrinos. Y en caso de que carezca de ellos, la herencia irá a los primos.

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En caso de que se dé la circunstancia de que no exista testamento ni tampoco ningún familiar, el heredero de los bienes del fallecido será el Estado.

¿Es posible desheredar a un heredero legítimo?

La vida familiar, está claro, es un camino lleno de dificultades. Nunca se sabe hasta dónde pueden llegar los enfrentamientos, pero es posible que se produzcan situaciones que hagan que una persona decida desheredar a un heredero legítimo. Y este concepto es importante porque, en el momento de comprender cómo se reparte una herencia, es necesario conocer que pueden ser desheredados los llamados herederos forzosos, es decir, aquellos que por proximidad familiar tienen legalmente derecho a una parte de la herencia.

La única forma de desheredar a un hijo, por ejemplo, es dejarlo señalado en el testamento y justificar claramente las causas, ya este formaría parte de este tercio legítimo de la herencia del que hemos hablado antes. Sin embargo, si se quiere que no reciba nada alguien que no es heredero forzoso, basta con no señalarlo en el testamento y los bienes no llegarán a él.

Sin embargo, desheredar a un hijo o padre supone hacer frente a una serie de explicaciones bien argumentadas. Es decir, si en el reparto de herencias alguien quiere excluir a un familiar a quien la ley señala que le corresponde una parte, debe justificar que ha incurrido en algunas circunstancias que están bien señaladas en la jurisdicción.

Algunas de ellas pueden ser desheredar a un hijo por abandono, cuando se produce una negación de alimento sin motivo. También si se produce maltrato o atentado contra la vida por parte del heredero. En el caso de los cónyuges una de las causas que se puede alegar es el abandono de los deberes conyugales, entendidos estos como el cese de cuidados, la falta de respeto o no compartir las responsabilidades domésticas.

Todas estas causas, en el caso de los herederos legítimos, deben ser demostradas al exponer ante notario la decisión de desheredar. Es decir, si se ha producido maltrato, el interesado ha de acudir con la sentencia firme que lo indique. Además, es necesario acudir al notario para señalarlo con dos testigos.

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